Soy el puto amo
Supongo que, más o menos, todos los monigoteros tenemos algún sueño en esta vida. Hay peña a la que le pone palote pensar que algún día le darán tal o cual premio por sus muñacos, o publicar aquí o allá, o dibujar un tebeo con Alan Moore, o cualquier tontada de estas. Lamentablemente, la mayoría morirán sin haber visto cumplirse sus sueños, es triste pero es así. Sin embargo, yo no. Esta semana, tras arduas negociaciones, he visto realizarse mi sueño como monigotero de todo a cien: he cambiado un dibujo por un jamón. Con dos cojones. Bueno, por un jamón y algunas cosillas más.

La historia comienza cuando un tío al que conozco me pide que le haga las invitaciones para su boda. Claro, algo hay que cobrar, que si no de qué comemos, pero como el tío es medio colega me da palo que circule el vil metal. Así que le propongo hacerle el trabajo a cambio de un jamón. A tope. Ayer hicimos el cambiazo, y hay que decir que Paco se ha portado, no sólo me trajo un jamón de puta madre, sino que de regalo me trajo una longaniza, un chorizo de ciervo, y como su chica es asturiana, unos cuantos productos típicos de la tierra (fabes, pastelicos, arroz,…). Pues eso, que estamos todos muy contentos: ellos con sus invitaciones, y Pum y yo con nuestras viandas (de las que daremos buena cuenta en una fiesta con los colegas malavideros, en cuanto nuestras apretadas agendas nos lo permitan). ¡Yepa-yepa!


















